02 julio 2017

Vivir

Dicen que el tiempo atrapa. No lo sé. Tampoco me preocupa. Ni un minuto le dedico. Quiero y me siento vivir libre. Posiblemente a contracorriente.
Mi vida es nueva cada día. El de ayer fue un día nuevo. El de hoy lo es. No tengo tiempo de aburrirme. Disfruto lo que hago, porque no me dejo arrastrar a la rutina.












Mi sueño es vivir, ser, sentir, disfrutar, pero siendo y amando lo que Soy, lo que tengo y lo que cada día me regala de forma sorprendente. Ni me preocupa el pasado ni me obsesiono con el futuro. Estoy aquí y ahora, y soy feliz a mi manera. No voy en busca de la felicidad. Tengo mucho más de lo que necesito, aunque necesito poco.








Posiblemente he reducido el mundo porque era muy grande. Los míos y mis sueños son mi mundo. Nos cobijamos bajo las mismas estrellas, disfrutamos del agua, del aire, del paisaje de la tierra, sin tener que poseerlo todo, ni conocerlo todo. Cantamos y reímos. Leemos y escuchamos. Conversamos. Trabajamos y comemos. Compartimos. Nos sentimos bien. Hasta ahora podemos decir que no enfermamos. Pensamos en salud.











Vemos, porque no podemos ignorarlo, lo que ha cambiado el mundo, las costumbres, las formas y actitudes de la sociedad, desde que eramos más jóvenes. Respetamos los cambios, o tal vez, como dice el proverbio hindú: "Nada ha cambiado. Solo yo he cambiado. Por lo tanto, todo ha cambiado".




Al final la vida es mucho más sencilla de lo que parece. Es importante respirar, dejar que el corazón siga latiendo sin pedirme permiso. Que los sentidos me den las sensaciones que me van enriqueciendo, disfrutar de la luz por cada poro y del amor hasta el interior del alma. No sé si se puede anhelar más. Si hay más y lo necesito, llegará.











Un beso a todos mis amigos y cada uno de los que conozco por mi afición al patchwork, a la música o a cualquiera de las artes.
Ángela.




Ah!... Os muestro un pequeño bolso con minúsculos hexágonos, y una cesta para guardar las mantitas de invierno.

07 junio 2017

Un hueco nada más.

Era un hueco, sin más;
un vacío abierto
y sin costuras,
un perímetro
de imaginación,
un imposible
con asas, botones
y alguna cremallera
cosida entre las telas,
donde se ponen
casas y algún árbol,
y los pájaros vienen
o se van y vuelan,
porque son libres.
como yo, como todo
en este bolso,
que para no ser menos,
se fue también...























¡Qué libertad  
tan dulce... dejar
que todo se vaya
de las manos...
como el agua,
y la vida misma,
si con ello es feliz
y lo lleva alegre
en bandolera!

Ángela.


05 mayo 2017

El árbol de la vida




El árbol de la vida con pájaros de patchwork.
                      
Todo llega cuando tiene que llegar,
el agua al rio y después al mar.
       
El agua es vida en los campos, en el monte
y la ciudad.
                       
                      








     
Hay que dar tiempo al tiempo,
para sentir el sol, para encontrar la sombra,
para echar la semilla y dejarla crecer,
hasta que las ramas se llenen de canciones,
y las aves encuentren el espacio adecuado
donde dejar su nido y que nazcan,
cobijados bajo las alas de una madre,






el árbol de familia,
el árbol de la vida,
tiene el encanto
de un milagro pequeño
de horas de cariño,
con vientos y borrascas,
de inciertos comienzos,
de bellas melodías.











El árbol de las hojas nuevas,
lo hice con todo mi cariño,
como recuerdo de todas
las vivencias
hoy en su cumpleaños,
para mi hijo Javier.







La foto que lo enmarca,
está sobre la fuente,
al lado de los pájaros
que hemos tenido,
desde siempre,
en el patio de casa,
y que al día de hoy
siguen cantando
y alegrándonos la vida.





















                                        



 Un beso.
 Ángela.






Medida del quilt 1,20 x 76cm. Todo hecho a puntada escondida.

10 marzo 2017

Pasando el tiempo...

Lentamente, sin saberlo, sin pretenderlo, vamos pasando el tiempo, aunque el tiempo no exista. ¿Pasamos por el tiempo o pasa el por nosotros? ¿Deja huellas o experiencias?
Creo que deja vida vivida en los latidos de un corazón incansable, que no sabe de horas ni le importan. Engrandece lo mejor que tenemos.

Dicen que es una araña que nos prende en su tela y nos aleja de ilusiones y esperanzas. Pero la araña que envuelve, es solo la rutina. La apariencia física, es cambiante por naturaleza y tenemos que aprenderlo.
Pero lo que vamos aprendiendo con cada situación que afrontamos cada día, es que avanzamos siempre, que si no tenemos voluntad de detenernos vamos creciendo en experiencia y lo mejor de nosotros, como el vino, adquiere solera y se perfecciona.

Cada mañana empieza mi vida, porque ayer no sabía si hoy estaría aquí en este momento. Y felizmente, al despertarme, planifico la jornada, que comprende mi ser, mi familia y mi trabajo. Todo me hace feliz al hacer pasar el amor que voy entregando en latidos y minutos en favor de lo que quiero y los que quiero. Y de vez en cuando, puedo subir aquí algo de lo que hice con las telas y las puntadas de la voluntad.


Bueno,y el descanso, el juego, los amigos… que la vida es eso. Tiene su música y su ritmo. La felicidad es todo eso, en la proporción adecuada y los condimentos con que cada uno la adereza.

Aquí os muestro el bolso del anterior proyecto, un cuello para Eva y las camelias que me regalaron en mi último viaje hace unos días, a Cantabria.


¡Cuántas cosas caben en un bolso! Yo llevo en él muy pocas, para dejar espacio a los pequeños caprichos que pueden crecer en cualquier momento, como flores.

¡Cómo ha pasado el tiempo!:)) Ni me he enterado. ¡Es la hora de comer! Gracias por estar ahí. Si os apetece, estáis invitados.

Un beso
Ángela

11 febrero 2017

Llega un día...





      Llega un día y descubres que hay algo que hace hermanas las almas y las rosas, los cristales del agua y las palabras, la música y los atardeceres, la eternidad y los instantes que hacen innecesarios los relojes.











     
         Llega un día, en que dejas de buscar en la montaña y te sientas junto al mar, y las olas te besan los pies como un perrillo manso y fiel al que has acariciado con ternura.












      Llega un día, en que te quedas bajo las estrellas, cuando se han ido los ruidos, las imágenes, los sueños y descubres que junto a ti están, los que estuvieron siempre, los que han querido estar, a quienes quieres y más que amigos son parte de ti mismo.










        Llega un día, en que abres la ventana de la vida y, con sorpresa, no encuentras envidias, ni enemigos, solo seres que caminan en pos de su destino, humanos, cada uno con sus botas o zapatos, algunos van descalzos pero no les importa porque van jugando, son los niños.










     Llega un día, que tus hobbies se reducen a lo que siempre han sido, hacer lo que tienes que hacer, vivir, seguir amando y entrelazar puntadas, telas, palabras y dejar que cada uno sea feliz a su manera.








      

      Llega un día, en que los proyectos de trabajo siguen, pero comienzas a sentirte también a gusto si tienes un cojín para sentarte cómodamente en el sofá mientras lees un libro o te entretienes un rato con "la tablet".                      
     Llega un día, en que tienes que subir algo al Blog y no sabes qué decir. Entonces dices, qué más voy a decir, si lo he dicho ya todo.                

    Solo falta añadir, que desde este rincón de la alcarria, estoy con todos y os quiero.    Ángela.

Me habéis preguntado para que eran las aplicaciones del anterior post, ya lo veis, unos cojines.
La última aplicación, un proyecto de bolso.

15 enero 2017

La vida era eso


Me llamó la atención el crotorar de las cigüeñas, allá en lo alto, del más alto árbol, sobre el pueblo. Desafiando al viento frío del invierno, han vuelto, como hacían cuando yo era niña.

Y sacando los mejores momentos del recuerdo, me he visto en la cocina de mi casa, con la familia entorno al fuego, y la mesa con los platos dispuestos, que mi madre iba llenando de comida sabrosa y humeante, después de guardar un poquito de silencio y dar gracias por los alimentos, mi padre iba cortando el pan candeal y repartiendo de esa hogaza a cada uno.
El fuego encendido y el fogón, repartían por la estancia la temperatura adecuada para hablar, reírse y crear un agradable ambiente de familia.


Y luego... a jugar y a la escuela. Y al salir otra vez a jugar, pero en la calle, a la intemperie. Inventando, imaginando, disfrutando siempre.
Así aprendí a vivir cada momento, sin más límites que el cansancio, o la llamada de los padres para ir a algún recado.
Nos metíamos en los charcos, subíamos a los carros, a las vigas, las paredes, los pajares y los árboles. Cogíamos moras, cerezas, y mil frutas, que en ocasiones no eran nuestras, pero sabían a gloria. Hacíamos guirnaldas, muñecas, comidas y casas de mentira. Como nunca terminábamos, volvíamos a lo mismo, en otro lugar o en otra casa, o en las eras.
Jugamos al corro, a la comba, al castrillo, al escondite y muchos juegos mas. Tumbados en la hierba veíamos el ir y venir de los pajarillos o de los insectos. 


Escuchábamos la canción de algún labrador mientras araba o el eje de los carros tirados por las yuntas. Contábamos las nubes, le buscábamos parecidos a caballos o gigantes, hasta que se desvanecían o se iban más allá del horizonte que recortaba la montaña.
Algunas noches, en verano, nos juntábamos para ver las estrellas, señalar algún lucero, encontrar una estrella fugaz o la osa mayor. Divisábamos la Vía Láctea, a la que la maestra decía que pertenecía nuestra casa que era la Tierra.

Todo era un juego. Los niños disfrutando sin pensar en problemas ni futuro. Los mayores en sus trabajos, muchos y diversos. No descansaban mas que los domingos, a la puerta de casa, sentados en una silla viendo pasar la vida, los rebaños de animales y saludando al vecino que iba de camino o ya se recogía.
La vida era eso. Nosotros vivíamos. Todos lo hacían, cada uno a su modo.
No sé si ha cambiado todo o nada es igual. Pero si llegaba el frío, como decían los de las tierras altas, nos encontraba, seguro, donde siempre: jugando o trabajando.




Si los sueños que  me parecían imposibles, se volvían algún día realidad, me encontraban en este rincón del mundo: trabajando o jugando para hacerlos posibles.
Ahora disfruto igual, con el corazón en bandolera, cantando, haciendo yoga, cosiendo o cocinando, que es la forma que tengo de vivir y de seguir amando.
Ángela.