31 octubre 2016

A mis seres queridos













Cerré los ojos un instante, para ver, lejos del ruido, a estas alturas de mi vuelo por la vida, qué ha sido de los míos, ¿dónde están? ¿siguen vivos? ¿Me recuerdan como yo les recuerdo cada día?

La mano del artista, nos sigue sorprendiendo. Ha pintado, con luces diferentes, el lienzo de los bosques. El cielo del otoño está más cerca. Los nidos del ayer están vacíos. Las aves, en sus vuelos, van y vienen por el azul, sin ir muy lejos. ¿Será así el aleteo de los míos ? ¿Me miran desde arriba, por si me acecha algún peligro y correr a protegerme?














Las gentes con recuerdos, buscan en las floristerías, las más hermosas flores, las más tiernas, las que puedan durar más tiempo cuando las acerquen al lugar donde ayer dejaron, entre lágrimas, los restos de sus seres queridos. ¿Son las flores un puente entre el corazón de los unos y los otros? ¿Son versos de colores, con palabras de cariño y vacíos de nostalgia?
Algunos estamos lejos de aquel lugar, que recibió primero y abrazó para siempre, lo que allí le ofrecimos. ¿Tenemos que volver hasta allí, o llega un momento, en que cualquier lugar es bueno, para ponernos en contacto, y sentir que ellos viven y decirles que vamos de camino?












Danzan las abejas laboriosas buscando lo mejor de las flores, y llevarlo al panal para hacer en secreto la alquimia de dulzura e inmortalidad. ¿Tienen las flores el secreto o son las abejas quienes gracias a su trabajo lo descubren? Y nosotros que probamos el manjar ¿probaremos algún día el último secreto de la felicidad sin fin? ¿Lo disfrutan ya mis seres queridos que tenían el pecho rebosante de bondad?












Aquellos que se fueron, que nos precedieron, que nos dieron la vida o llevan nuestra sangre, ¿necesitan un día para ser recordados? ¿Se han cumplido los sueños que tuvieron de llegar al destino? ¿Qué podemos hacer con ellos o por ellos, además de añorarlos? ¿Se asoman, por la noche como estrellas, en la paz lejana del firmamento?















Sé que nada es igual, ni ellos ni yo, pero yo les recuerdo como eran, como les abracé, como les quise, con el calor y el cariño que de ellos recibí, cuando pasaron por este mismo camino por el que mis pasos continúan.
No creo que necesitemos, ni ellos ni yo, nada especial para reconocernos, cuando antes o después, nos encontremos. Nos veremos con el corazón y con el alma, y sabremos por fin, que viven y vivimos.

Tengo que despertar, aún me quedan hoy, cosas por hacer.