06 septiembre 2014

Pequeñas cosas



El verano es descansar, desconectar, y ser feliz haciendo felices.

El descanso, cada uno lo entiende a su manera.

Se puede leer, pasear, tomar el sol, cultivar la amistad, respirar  a pleno pulmón en la montaña y sin horarios, soñar.

Hacer lo que gusta, relaja siempre. Lo mismo que encontrarse con amigos.  Cualquier pretexto es bueno. Las vacaciones, también.



La rutina del curso o las mil actividades diarias,  no me permitieron encontrar el momento para poner en danza los pequeños detalles que alegran el corazón.


 La mariposa del patchwork mueve sus alas con una cadencia y una suavidad especial.







Las telas  multicolores viven en algún rincón. Basta una conversación, un deseo, un rayo que las ilumina,  despiertan y echan a volar y sugieren mil cosas.

 Como no soy capaz de estar mano sobre mano…, salgo tras ellas, para agarrar los sueños de locura y fantasía.





Traigo aquí una muestra, otras se quedan en el tintero, no siempre se hacen fotografías de todo.

Y desde los más pequeños Marta, Rubén, Carla, Naia, Ziara...con sus mochilas, se multiplican en mis manos los detalles. Algo que libere a las mamás,  o libere las manos de los niños y les permita soñar, jugar o correr. Si quieren convertirse en actores y protagonistas de sus paseos, sus marchas o escapadas, tienen que tener las manos libres.





La experiencia fue positiva. Y mi hijo fue el primero en pedírmela. Luego vinieron más...y de todos los tamaños.
               

               








Después de estos pequeños detalles del verano, seguiré ya con cosas más "serias", labores comenzadas, proyectos que tengo...


No es difícil hacer feliz a alguien,
si uno pone su corazón en lo que hace.