08 abril 2013

Sencillas cosas

 Yo me imagino el caos, desde el principio. ¡Tremendo! Todo manga por hombro, como una leonera. Tuvo que hacerse la luz. ¡Fue lo primero! ¿O fue la estrella de la vida?

Después ya se pudo empezar a poner orden. Debió ocurrir  casi en un abrir y cerrar de ojos. Porque  en la noche no podemos ni encontrar las cosas, ni buscar asideros.  




Podemos andar a tientas por la tierra de nadie, sin  saber que podemos caer al vacío al perder pie, o seguir haciendo estropicios en los seres que nos rodean, en las cosas, en las palabras y en los huecos y los sueños.


Por eso, a penas la encontramos, nos enamoramos de la luz. Luego, al instante, centrarlo todo, para encontrar de inmediato cada cosa, medir distancias, y acomodar en ese universo nuestra vida.



Yo estoy siempre en ese proceso de creación del orden, de cada cosa en su sitio, de un sitio para cada cosa. No siempre lo consigo. No puedo bajar la guardia. Incluso para hacer lo que me gusta, es importante  saber  de memoria, o por pura rutina, que las fichas están  en el cuaderno, la regla en su funda, el cúter en la suya, las agujas y los hilos en el suyo, y … después, como una reina tomo el cojín de costura en el regazo y empezar el proceso creativo, o continuar donde lo había interrumpido.







Os animo a hacer este facilísimo cojín, es comodísimo para coser sobre él y tener la espalda en una postura correcta y con sus dos bolsillos tienes a mano tijeras, hilo...todo





Y luego, en algún momento libre,  subir algo a esta ventana, para que puedan también disfrutarlo mis amigas y amigos, que también, felizmente, formáis ya parte de mi universo y de mi entorno.

Así de sencillo es mi post de hoy.  Gracias por estar ahí y por vuestros maravillosos comentarios.