23 mayo 2010

Soñadora





Todo artista necesita un momento de concentración. Lo que uno sabe, sus habilidades y destrezas, su talento y su magia, necesitan la inspiración y la bendición para poder interpretar con grandeza y fluidez. El público respeta ese momento, íntimo, profundo. La maestría y el éxito de la ejecución será una obra de todos. Habrá una energía global, personal y colectiva. La música es una vibración de las cuerdas del violín, del arco, y del alma.
El arte resuena y se percibe en todos los sentidos. Puede uno estar ciego pero lo siente, puede estar sordo y percibir su belleza, tiene su aroma y resuena directamente en el tambor del corazón.