05 abril 2010

Cesta de membrillos

Dicen que El sol del membrillo es el que luce en los primeros días del otoño, cuando los frutos de los membrilleros comienzan a madurar. En su día (1992) fue una obra en la que se trataba de poner en relación la pintura con el cine, como obras de arte. La obra presentada por Víctor Erice, es muy simple. Se trataba de plantar las cámaras delante de un pintor de prestigio como Antonio López, que pinta directamente del natural. Del membrillero que ha plantado en su patio.
Mi pretensión es mucho más sencilla, dejar caer los membrillos recién cortados y traídos en la canasta, sobre una mesa con un paño. Es recoger un momento de la vida del campo, en que el membrillo llega a casa, y justo antes de que sea partido para convertirlo en dulce. Tiene, a mi modo de ver, toda la fuerza de la vida, por las pequeñas ramas y las hojas, algunas ya secas, que indican el otoño, y el color inconfundible, cálido y apetitoso de los membrillos. La gama de amarillos es inmensa. Es como si a la cesta abierta por la luz se le viera el fondo, y generosa hubiera dejado al descubierto esos soles en miniatura. ¡Que gozada poder contemplarlos de cerca cada día! Luego , el membrillo, tan duro y fuerte, se transforma y adapta hasta llegar adquirir, ya dulce, la forma del recipiente en que se guarda. Entonces, ese pequeño sol, se sirve y alimenta.