25 noviembre 2018

El poeta, el arte, el amor...




































El poeta, hombre o mujer, no siempre escribe. 

El poeta, a veces no tiene "tiempo" de escribir.

El poeta, que de verdad sueña, es capaz de mezclar los colores, de esculpir la alegría, de cantar mientras trabaja y gritar a la montaña.

Sabe tejer historias, coger al vuelo las hojas con mil fuegos del otoño, y levantar el mar para hilvanar su azul lleno de vida.

El poeta arroja otra luz en los atardeceres, espoleando las rutinas, se hace preguntas como versos, alegría con latidos de humanidad para los ojos.

El poeta con su corazón en bandolera marcha al universo cuando se le antoja beber en las estrellas, y escapa del agobio del trabajo, descansa mientras piensa y su imaginación dialoga con el ave, con la mascota y la luna, con la piedra y el árbol, con la sombra y el alba.

El poeta no tiene siempre que hacer versos, sino lo que le gusta. Y quien se acerca no sabe si es real lo que contempla, salido de las manos mágicas, tal vez virtuales, de un poeta, hombre o mujer.


El poeta, el arte, el amor, la música, no saben de estaciones.

Tampoco nuestras etapas lo saben, que tienen metas cada vez más profundas, gozos cada vez más sencillos, energías cada vez más contagiosas.































































Aquí os muestro el quilt acolchado y terminado.

04 noviembre 2018

Para mi hijo

No hay nada más. Lo es todo. Siempre. Cada instante.

Más allá de sus fuerzas. De sus posibilidades. De todo.

Un hijo...un mundo. ¿Qué digo un mundo? El universo.

Unos ojos que te siguen. Un nombre, pura melodía.

Un huracán, un torbellino que llega y que te abraza.

Un ser que te besa, y el mundo se ilumina y se detiene.

Después, ¿de qué no es capaz una madre, por su hijo?

Se recuerda todo y se olvida todo, al mismo tiempo.

¿Importa que sea otoño, primavera,  llueva o salga el sol?

Me derretía cuando contaba los años con sus dedos,

y cantaba con saltos en su cama.

O iba apagando velas mágicas, que de nuevo se encendían...

Y el sobresalto inquieto de su voz, al decir que tiene novia.



Pasaron los sustos de la fiebre, las carreras a la clínica,


las caídas de la bici o el golpe con el coche. Aprender. Vivir.

Vivir es un gozo con riesgo. Y amar y encontrar el por qué.

Desde el momento que sale por la puerta,

se lleva mi corazón a la intemperie, hasta su vuelta.

Al levantarse, para ir a trabajar: ¿hace frío mamá?

Y tengo que saber si llueve o nieva, aunque esté en la cama.

Sin vivir, cuando la noche se alarga,  me besa y sonríe,

y  sin pedir explicaciones me dice :"ya he llegado".

Al autor de la vida y al ángel que lo guía, 

les pido que me suplan,

allá por donde vayan, sus pasos y sus sueños,

porque ellos pueden verlo y yo se los confío.



Me agradece las comidas y postres, porque son especiales.

No sé que inventar, para hacerle feliz, y se me ocurre

desde el patchwork, que las noches existen y tal vez

podría hacerle algo infinito y cálido, una colcha pensé,

con una gran mandala, como tantas que de niño pintó,

simbólica y alegre,"la rueda de la vida",

la vida en desarrollo, el amor progresivo,

que comienza en un punto pero nunca se sabe cuando acaba,

que se pierda en la bruma, en la niebla o en la luz deslumbrante

del infinito y más allá, donde terminan todos los caminos,

en un final cálido, agradecido, donde podamos encontrarnos.

Quedarán para siempre, con puntadas escondidas,

el recuerdo y el cariño de una madre hacia su hijo,

en el silencio elocuente del corazón,

y el lejano titilar de una estrella que sigue velando

por su felicidad, y por que se hagan realidad todos sus sueños.

Te quiero.