29 noviembre 2015

Una casa, un pueblo, un mundo


No es el cambio climático tan capital como la mejora del clima que estamos creando en nuestro mundo.










El exceso de soledad abruma a mucha gente y la deja a la intemperie, donde no tienen más que el sol y las estrellas para cobijar sus vida






Se derriten los hielos, pero se enfrían las entrañas. Mientras, los habitantes de la tierra, estamos necesitados de comprensión y protección, tanto plantas, como animales y también los humanos.






Para vivir la vida, somos libres, pero para vivir con los demás, tenemos que vivir en paz, respeto y cercanía, aprovechando la experiencia de los siglos y compartiendo la sabiduría de todos los seres que habitan este pequeño planeta azul.












He intentado, una vez más, que las casas de todos lleguen a mi casa. Que mi casa tenga un mirador permanente a la sociedad. Quiero sentir desde aquí que la humanidad no retrocede, que aunque haya peligros y haya noche, no cunda el desánimo ni se instale el frío y la falta de sonrisas.


Quiero pensar que mi casa es como la de todos, una más, pero llena de luz, de amor y de recuerdos. No olvido a nadie, se encuentre donde se encuentre. Ni me gustan los olvidos, ni quiero que nadie se sienta olvidado, ni perdido, ni falto de cariño.


Nadie está solo. Nadie debería perder  la alegría, ni la juventud y la voluntad de vivir. Cada uno en su casa, creciendo desde dentro, como hacen los árboles, como los animales, como quienes tienen fuego en la mirada.





La población mundial no es una suma de casas, ni de individuos extraños y distantes. Somos un todo. Tenemos alma y el alma no se aleja, ni decae; se perfecciona, se enriquece, se ejercita, se nutre y se da sin tener que menguar ni dividirse.




Os presento, algo de mi mundo. Es el bandó con las cortinas que tengo, matizando el sol que penetra desde lo alto y llena todo. Son los matices de luz interior. Distintos a los que publiqué no hace mucho. Estas casas son más nuestras. Aquí tenéis la que os guste y desde aquí, salgo cada día para encontraros y seguir a vuestro lado por el camino de la vida.





Agradezco la ocasión para enviaros un beso con todo lo mejor.
Ángela.

01 noviembre 2015

My whimsical garden

Lo que hoy os muestro, aún no está acabado, pero quiero que veáis que de todo se aprende, y que incluso los premios, (estas telas eran parte de un premio que recibí hace unos años) pueden seguir con nosotros poniéndole un poco de imaginación personal, ¿no os parece?

Creo que la colcha llenará de colorido nuestros sueños, en caso de que surjan, o alegrarán la vista simplemente, que ya es mucho.







Toda creación humana es hecha a imagen y semejanza de alguien, o de algo que llevamos dentro que es la inmaterial belleza.
Nada aparece porque sí... Va apareciendo en la medida que pensamos, nos llenamos como esponjas de lo que proyectamos hasta darle la forma deseada. Todo se va abriendo a la luz, como el día, como la vida... hasta alcanzar, sino la plenitud, o la perfección, por lo menos algo parecido a lo que se desea. Eso que hemos ido buscando, puntada a puntada, después de entrar continuamente a la morada interior, de donde nace la energía, la paz y el gozo, ya es una realidad.

En ese rincón solo puede entrar uno mismo si es constante. No se puede compartir más que cuando uno sale con su pequeña obra puesta en pie. Y lo que todos ven, y aprecian, es la obra. Las horas interiores, el sinfín de diseños, recortes, colores y puntadas, siempre quedarán en el anonimato. No se han perdido, pero no se pueden mostrar, como no se puede mostrar el alma cuando ven nuestra imagen, o nos miran fijamente a los ojos.


Si no existiera el Principito, habría que inventarlo y ser agradecidos, no tanto por decirnos que en su planeta hay una flor o un príncipe, sino por acuñar la frase de que "lo esencial no puede verse con los ojos sino con el corazón".
Detrás de cada obra hay una artista y una pensadora y una trabajadora... que no aparecen. Y todas ellas tienen el mismo corazón.

Haciendo lo que a uno le gusta... las horas y los días, se van encadenando al patchwork y van encajando en la vida, en la familia, y en todo. Y los colores, son los colores de la  felicidad, mas que los recortes de las piezas.
Bueno, os dejo con mi caprichoso jardín lleno de color. Los latidos, como la sabia de las plantas...van por dentro.

Un beso y feliz semana.