06 noviembre 2014

Otra verdad.


La lección más hermosa del otoño,  es una vivencia interior.  Por eso no se suele aprender año tras año,

 Nos fijamos en los colores del paisaje que impregnan la retina, o el objetivo de las cámaras. Comenzamos a apreciar la vida, cuando la naturaleza y nosotros mismos comprobamos que hemos iniciado el camino de regreso. 
 








Entonces, con más calma, con más paz y con más fuerza, valoramos lo que tenemos, lo que somos, los pasos y el camino, el calor de la mirada de los que van a nuestro lado y también a los seres queridos que se asoman para vernos al balcón de las estrellas.






Por eso, hoy, en noviembre, he dejado los paisajes y traigo sólo estrellas. No estoy triste, estoy serenamente esperanzada. Y desde aquí, o desde las estrellas, os envío un abrazo.