24 noviembre 2014

Colcha country

Paisaje y cultura.
Nosotros formamos parte del paisaje, es como la cultura congénita, que nadie puede hacerla suya ni poseerla, pero está en todos.
Montes, ríos, tierras y cultivos, delimitan nuestros horizontes. Son entrañables porque sin querer los hemos ido haciendo nuestros. Tienen su aire y su música que termina por sernos familiar. Es cultura country. 

Es un estilo de vida, una forma de vivir, de hacer y de sentir.  Es especial. Puede ser local en su origen, pero termina rebasando las fronteras de los pueblos, incluso de los Estados, para ser inconfundiblemente universal.

Es como el baúl de los recuerdos muy queridos. Cada uno tiene el suyo. No hay dos iguales. Algo que nos hizo sentirnos cómodos, libres, y felices, en un entorno cercano de belleza y de cariño. Guarda muchas sorpresas, anécdotas curiosas y   personajes impensables, una calidez enraizada en el corazón y en las ventanas del alma.

Las estaciones y las creaciones de esa cultura country, nunca son aburridas, sino alegres, y llenas de vida. Está la madre Tierra, con sus parcelas, para poder vivir para llevar a casa lo mejor de cada día.
Y el entorno, cambiante, invita a disfrutar, a no marcharse a sentirse en casa. Y si alguien, algún día, tuvo que ausentarse, se lleva tal recuerdo que siempre tiene la nostalgia, o la morriña de volver.






Os dejo algo de eso, en esta cálida colcha, muy querida, para poder soñar o recordar.

Un abrazo,  estéis donde estéis.

16 noviembre 2014

...en Pamplona!

Alimentar la fantasía de los niños y dejar que jueguen es parte del aprendizaje. Hay que meterse en ese juego, ir por delante y dejarles libres. En el juego son ellos mismos –espontáneos- quienes se organizan.


 La vida es un juego y una aventura, cada día. También para los adultos. “Yo he crecido a mi pesar”,-dijo el pensador vasco- y sigue siendo verdad. Pero eso, también es un descubrimiento. 


A los niños lo que le gusta, además del juego, son las excursiones. Les propuse una aventura a un lugar lejano, donde podían encontrarse con desconocidos.
Sólo había un problema: yo no podía ir con ellos, porque tenía un compromiso.



Así que lo arreglamos… cargaron sus mochilas y… se fueron a la Exposición Nacional de Patchwork a Pamplona.

Sé que allí se han encontrado como en casa porque en todos los lugares hay gente encantadora, también en esto de la aguja y las telas.
Tienen que aprender que no les secuestran porque alguien les mire. Tienen que vencer el natural pudor de los artistas.
 

Dejar que vuelen libres y encuentren la expresividad en la sencillez y la normalidad .
Pero..¡¡¡ya les echo de menos!!! Estoy deseando tenerlos conmigo. Descubro, que el arte, no está reñido con los sentimientos.

Un beso a todas y todos.

06 noviembre 2014

Otra verdad.


La lección más hermosa del otoño,  es una vivencia interior.  Por eso no se suele aprender año tras año,

 Nos fijamos en los colores del paisaje que impregnan la retina, o el objetivo de las cámaras. Comenzamos a apreciar la vida, cuando la naturaleza y nosotros mismos comprobamos que hemos iniciado el camino de regreso. 
 








Entonces, con más calma, con más paz y con más fuerza, valoramos lo que tenemos, lo que somos, los pasos y el camino, el calor de la mirada de los que van a nuestro lado y también a los seres queridos que se asoman para vernos al balcón de las estrellas.






Por eso, hoy, en noviembre, he dejado los paisajes y traigo sólo estrellas. No estoy triste, estoy serenamente esperanzada. Y desde aquí, o desde las estrellas, os envío un abrazo.