23 abril 2015

El jardín de la abuela

La onda expansiva del bien y del color puede ser geométrica sin tener que ser siempre circular. 
Es concéntrica, porque parte de un punto, pero abierta al infinito.
Todo nace de un pensamiento que se hace realidad y va llenando todo. El amor, la familia, la sociedad se va agrandando poco a poco. La creación y las creaciones se van complementando.
Iguales y distintos, perfectos y diferentes, bellos e insustituibles, cada uno en su lugar todos son necesarios y todos importantes.

Esa es la vida que nos transmite la sabiduría de ese jardín de la abuela. Hay un hilo conductor, que engarza la idea dando hermosura y cohesión.
"El jardín de la abuela" es una técnica de patchwork tradicional y antiquísima, donde se pueden reciclar todo tipo de telas, que es lo que yo estoy haciendo en el comienzo de esta nueva obra.
Recortar, hilvanar, combinar, coser a repulgo...

Conozco a alguien que un día le dijo a su padre
-¿Te quieres entretener recortando hexágonos?.
- Bueno!...
Al finalizar le dijo a su hija:
- ¿Te puedo ayudar en algo más?
- Pues cortas trozos de tela como los hexágonos y los vas hilvanando al papel...
Hoy su padre hace maravillosas y creativas obras de patchwork.
¡Qué sencillos comienzos tienen las tramas de la vida!...







Desde el pequeño mundo que sale de mis manos llego al generoso mundo de vuestras manos y vuestros corazones. 
Seguro que, sin habernos puesto de acuerdo e incluso sin saberlo, nuestras obras encajan y multiplican la belleza.






Somos como abejas en esa colmena que se llama Humanidad. 
Me encanta saber que estos pequeños hexágonos están llenos de dulzura y hay un revoloteo de música de hadas laboriosas, que buscan lo mejor para el bien de todos. 
Así ha sido siempre y seguirá siendo. 
Buscando luz y flores, con la alquimia oculta y suave de quien se va haciendo mientras vive, siente y sueña.
Con todo mi afecto.
Ángela.

10 abril 2015

Siempre es ahora.

Cada vez más convencida de que el tiempo no se pierde. Cuando uno hace lo que tiene que hacer, sea lo que sea, no ha perdido el tiempo; cocinar, coser, planchar,leer, charlar, escuchar música, pasear o simplemente pensar o quedarse en silencio y asombrarse de una puesta de sol o de un amanecer...no es perder el tiempo.



Es uno quien se pierde o se engrandece cada instante. El tiempo corre, "huye" y nos lleva en su vuelo. Mejor dejarlo que se eleve y que siga su destino. Hay pocas mujeres cazadoras. Las que sostenemos una aguja y un dedal entre los dedos, no salimos en su busca, ni intentamos cazarlo.
Tenemos todo el tiempo. Porque nos tenemos a nosotros de forma intemporal. No disparamos, porque disparar al tiempo es morir entre relojes.




Apresurándonos despacio, llegamos a donde tengamos que llegar.
Todo está pendiente de nosotros, si nosotros no estamos pendientes del tiempo.
Todo colabora con nuestro pequeño o gran esfuerzo, con nuestra ilusión y nuestra alegría, cuando el amanecer cada mañana es un maravilloso punto de partida hacia lo desconocido.








El destino, al despertar, siempre está un poco más allá en el horizonte. Si hemos llegado hasta aquí, la meta está más cerca. Hay un propósito en la vida.



Lo que puedo ir mostrando de mis pequeñas obras, son también pequeñas cosas, detalles, huellas, por donde han caminado mis pasos. Pero yo, sin quererlo, estoy un poco más allá.
Así que cada vez, que entro en mi blog o en el vuestro, sé que os encuentro ahí delante, en el ahora siempre, no el ayer que hizo lo que en este momento puede verse y apreciarse.






Del silencio de los días, van creciendo sentimientos, amistades, logros y destinos. 
Ahí seguimos latiendo. 
Os quiero, en mil idiomas, para que a nadie le falte aprecio allá donde se encuentre.



Os regalo estas flores al óleo, que pinté en alguna primavera.