19 junio 2016

Entre mi corazón y el mar

En silencio y con la fuerza de las olas.
Depende como uno quiera celebrar la dicha de estar vivo.


Yo, decidí relajarme y encontrar lo mejor que no está fuera, sino más allá de mi misma y siempre en el interior.



De inmediato la paz del mar y su fresca brisa me bañaron. El aroma y la sal, inconfundibles, dejaron a la deriva mi corazón y mis sueños.

Por un momento, los barcos se convirtieron en gaviotas y comenzaron a navegar en otro azul, junto a las nubes. Yo era el ancla.
Un suspiro del aire y... aparecieron en el mármol flores cuya fragancia me llegaba con el vaivén de las olas.

¿Quien enseña a volar a las gaviotas? ¿Quien enseña a nadar a tantos seres por los caminos del agua? ¿Dónde está el puerto de todos y de todo?

Hay un momento en el que descubrimos la caricia que nos rodea con afecto y es eterna mientras dura.


El alegre rocío de los labios, cierra las ventanas de los ojos, y el mundo ya no está fuera, sino sumiso como un grano de arena jugando a mis pies aquí en la playa.

Tal vez sea como una alfombra diminuta de patchwork, con las aplicaciones de la mano que mece el universo.
Un beso.
Angela.