06 noviembre 2014

Otra verdad.


La lección más hermosa del otoño,  es una vivencia interior.  Por eso no se suele aprender año tras año,

 Nos fijamos en los colores del paisaje que impregnan la retina, o el objetivo de las cámaras. Comenzamos a apreciar la vida, cuando la naturaleza y nosotros mismos comprobamos que hemos iniciado el camino de regreso. 
 








Entonces, con más calma, con más paz y con más fuerza, valoramos lo que tenemos, lo que somos, los pasos y el camino, el calor de la mirada de los que van a nuestro lado y también a los seres queridos que se asoman para vernos al balcón de las estrellas.






Por eso, hoy, en noviembre, he dejado los paisajes y traigo sólo estrellas. No estoy triste, estoy serenamente esperanzada. Y desde aquí, o desde las estrellas, os envío un abrazo.

26 octubre 2014

Si la naturaleza llama...







 Hay que salir para llenarse. Llevar los ojos a la belleza antes de que se apague, para llenar el cántaro del alma, y poderla disfrutar a tragos, cuando lleguen los fríos.







La naturaleza sigue en toda su belleza. Hay que salir sin miedo a acariciarla. Quiere decirnos algo. Todo es un regalo generoso, infinito. Es la pausa para un encuentro con quien lo aprecie  o quiera recibirlo.






  Cuando soplen los vientos y se lleven las últimas hojas de los árboles; cuando callen los pájaros y las nubes oculten el sol y las estrellas, nos acompañará esa vida multicolor y ese recuerdo de la felicidad y de la luz, por encima de las nubes, los silencios y las rutinas grises de las horas.







 Todo el color que acaparamos con nuestros ojos ávidos, bajará por la montaña de las noches, y por las venas nos contagiará de fuego para surgir cada amanecer con nuevos bríos, nuevos sueños y nuevos proyectos.











 Toda esa experiencia, será calor para el hogar y los amigos. Contagiaremos la alegría de que volverá la primavera, y nada ni nadie se habrá ido para siempre.








 Con esas fotos otoñales, he rescatado los colores vivos de las flores que incendian algunos paisajes de mi casa y mis labores. Con mis manos y mis hilos, poco a poco, pétalo a pétalo, hoja a hoja, trino a trino, cobran formas que se antojan deseos de vivir, aunque no pasen de ilusiones. El conjunto, algún día tendrá forma, espero.




Disfruté con la naturaleza y con las telas y lo digo, porque todo y todos a mi lado, me hacen feliz. No sé qué hacer, ni cómo, pero la alegría horneada desea contagiarse. Ojalá pudiera, ojalá sea. Ojalá alguien la encuentre entre mis palabras y mis telas.




 




Os envio un abrazo, especial siempre, sobre todo a quienes más lo necesitan y me lo dicen en privado.
Ángela.

12 octubre 2014

En bandolera




La  naturaleza se ha puesto ya el cálido vestido del otoño.  Ese lienzo, tiene que ser soñado, antes de que la luz de la blancura cubra las montañas.
Entregados los sabrosos frutos, los árboles y el viento, disfrutan unos días de permiso, para tomar la paleta de colores y salpicarlo todo con su fantástica locura.







El último rescoldo del sol, enciende en el horizonte, los atardeceres de ensueño.

Antes de que lleguen los fríos, hay que ir preparando los hogares. Al amor de la lumbre siempre podrán contarse unos a otros, las pequeñas historias de familia.
Tal vez el último rincón del planeta que las mujeres podemos decorar a nuestro gusto es aquel en que vivimos. Gracias a esa magia se convierte en nuestro hogar.


 

 
Lo duradero fugitivo que vamos construyendo lleva algo nuestro, que tal vez alguien, en algún momento, descubra y piense que mereció la pena.

Trabajamos entre el recuerdo y la esperanza.










 










 

Ya puedo ir metiendo en este bolso, cosas pequeñas y  momentos mágicos.
Tomando esos pensamientos y la aguja, me voy a llevar en bandolera, la casa del otoño. Tengo que ir recogiendo tantas cosas...porque lo quiero llenar de amigos, sentimientos y colores.




 La casita de Carol
de Quilt House                                                                                                 

05 octubre 2014

Ventana rota...



La experiencia está hecha
de agua,tierra, viento y fuego,
y la cámara sutil y personal,
se impregna, libre, sin  ayuda,
como si el corazón, tuviera,
una ventana rota, y entrara libre,
el color, las estaciones, y el río
de la vida, que todo se lo lleva
cada día un poco más allá,
hacia la inmensidad.



  
Mirando lo que el verano
fue dejando aquí en mi casa,
podéis ver flores, aves,
un mundo muy pequeño
pero lleno de vida…
no se ven las raíces,
ancladas en las horas,
donde las puntadas,
ocultas pero necesarias,
buscan la fuente secreta,
el manantial que  hace nacer la vida,
o simplemente una pequeña idea.




 



He vuelto, y sigo compartiendo,
porque  hay tanta belleza por ahí suelta,
que ya no somos dueños de nada,
sino deudores de todos y de todo.










Gracias amigas y amigos,
estéis donde estéis,
ya vais conmigo.

27 septiembre 2014

Estuve allí.

 Para los amantes de Patchwork, ir a disfrutar de la expo de  Sainte Marie aux Mines, en Alsacia, Francia, es una ocasión única, en un lugar especial, donde se da cita lo más representativo de ese arte a nivel mundial.  Este año, la familia me hizo ese regalo.









 No es mi pretensión narrar lo que disfruté, ni contar lo que vi. Tal vez sería mejor no decir nada, porque cualquier palabra puede empequeñecer y limitar algo tan maravilloso. Quienes han estado antes que yo saben que lo que digo es verdad.







 Aunque Australia y Rusia eran, este año, invitados especiales, había obras de Israel, Ucrania,  Japón, China, USA, Canadá,  además de muchos países europeos.











Pero, ¿cómo callar y no compartir algo de lo que allí aprecié, para quienes –desde cualquier rincón del mundo- me vienen siguiendo y mostrando su cariño? ¡No sería justo guardarlo para mi, pues ya he disfrutado y saboreado aquel instante!












Puedo decir  que   del 18 al 21 de septiembre  2014, tuvo lugar el encuentro europeo de la Exposición de  más de 1000 obras sobre el tema; en textiles antiguos, tradicionales y contemporáneos.












La Exposición tiene lugar en tres pueblos. Los pueblos están situados en un verde valle alargado entre montañas en las laderas de los Vosgos. En cada pueblo hay exposiciones en museos, casonas, palacios e iglesias, además de tiendas montadas comerciales.





 





Es algo muy especial encontrarse, conocer y poder saludar personalmente a muchas de las artistas de las obras expuestas.






¡El mundo es un pañuelo lleno de gente grande! Cientos, tal vez miles de personas- sobre todo mujeres-, se pusieron en camino, desde sus lugares de origen, para poder coincidir un día, en un lugar concreto a cientos o a miles de kilómetros de sus propias casas.








































Al mirarnos a los ojos pudimos ver que no somos tan diferentes, y que en la pupila baila el mismo resplandor y la misma luz que ilumina el arte y la vida en todas partes. Puede ser diferente el idioma, pero es muy parecido el amor por lo que hacemos. ¡Qué maravilla  de variedad y sintonía!

































































 Ojalá que las imágenes os digan más que mis palabras. Las cosas más bellas del mundo se contemplan y se sienten con el corazón. Después, la última verdad: imágenes y palabras llevan el mismo cariño.
Ángela.

24 septiembre 2014

La Alsacia





Estrasburgo,  ciudad francesa situada en la zona de Alsacia. Cercana a los Vosgos y a la Selva Negra. El Rin  hace de frontera fluvial entre Alemania y Francia. La influencia cultural de ambos países es enorme, pero prima la influencia germana.








El centro histórico, al que lo franceses llaman la “Petite France” fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1988 por conformar un claro ejemplo de ciudad medieval. El antiguo barrio de pescadores y molineros, es para mí, una de las zonas con más encanto de la ciudad.

Perfectamente conservado, es donde se regula el canal de agua y las esclusas para navegar con embarcaciones en el río. Como atractivos de la Petite France destacan los Puentes Cubiertos (Ponts-Couverts), estructura defensiva con torres de vigilancia medievales y el sistema de regulación de aguas.
Las casas de la zona son unas preciosas construcciones de muro de entramado de madera. El conjunto me recordaba al cuento infantil La Bella y La Bestia.
 Debido a su localización geográfica, Estrasburgo destaca desde la antigüedad por ser un importante centro de comunicaciones. Hoy, aunque fluvial, es el segundo puerto francés en importancia.
 

Además de la Petite France, el centro histórico acoge un gran número de monumentos de interés, destacando la catedral (con su reloj astronómico), imponente edificio que aúna diferentes estilos de construcción y se alza imperiosa como símbolo de la ciudad con una sola torre. Ha comenzado la celebración de sus 1000 años de historia (en 2015).  Y a su lado el Palacio Rohan, majestuoso, que alberga 3 museos en su interior. El edificio en sí es una joya. Justo al lado se encuentra el embarcadero de los barcos, para una visita de la ciudad por los canales hasta el Parlamento.













Dando un paseo por el centro, quedé asombrada por la preciosidad del conjunto formado por cafés, restaurantes, y tiendas artesanales. Toda la zona es peatonal y la tranquilidad se transmite al turista. Hay mercados al aire libre, lo que proporciona una mezcla de aromas y colores que incrementa aún más el enorme atractivo de Estrasburgo.


 


Caía una fina lluvia, el único día que apareció la lluvia, y aprovechamos para dar un paseo romántico por los Jardines de L´Orangerie.  Los franceses le tienen un especial afecto por encontrarse allí la mansión que Napoleón mando construir para Josefina, pero a la que nunca vino a ver.

 
 






 Era el cambio de estación. Los árboles  comenzaban a arrojar el oro de sus hojas  por las ventanas del otoño. Encontramos incluso las ventanas en el jardín.









Nuestras vacaciones y nuestra visita a la ciudad fueron muy gratas. Os dejo unas pinceladas en forma de instantáneas.

 

06 septiembre 2014

Pequeñas cosas



El verano es descansar, desconectar, y ser feliz haciendo felices.

El descanso, cada uno lo entiende a su manera.

Se puede leer, pasear, tomar el sol, cultivar la amistad, respirar  a pleno pulmón en la montaña y sin horarios, soñar.

Hacer lo que gusta, relaja siempre. Lo mismo que encontrarse con amigos.  Cualquier pretexto es bueno. Las vacaciones, también.



La rutina del curso o las mil actividades diarias,  no me permitieron encontrar el momento para poner en danza los pequeños detalles que alegran el corazón.


 La mariposa del patchwork mueve sus alas con una cadencia y una suavidad especial.







Las telas  multicolores viven en algún rincón. Basta una conversación, un deseo, un rayo que las ilumina,  despiertan y echan a volar y sugieren mil cosas.

 Como no soy capaz de estar mano sobre mano…, salgo tras ellas, para agarrar los sueños de locura y fantasía.





Traigo aquí una muestra, otras se quedan en el tintero, no siempre se hacen fotografías de todo.

Y desde los más pequeños Marta, Rubén, Carla, Naia, Ziara...con sus mochilas, se multiplican en mis manos los detalles. Algo que libere a las mamás,  o libere las manos de los niños y les permita soñar, jugar o correr. Si quieren convertirse en actores y protagonistas de sus paseos, sus marchas o escapadas, tienen que tener las manos libres.





La experiencia fue positiva. Y mi hijo fue el primero en pedírmela. Luego vinieron más...y de todos los tamaños.
               

               








Después de estos pequeños detalles del verano, seguiré ya con cosas más "serias", labores comenzadas, proyectos que tengo...


No es difícil hacer feliz a alguien,
si uno pone su corazón en lo que hace.