Al contraluz, sin nada que deslumbre.
Hay una claridad que permite ver y adivinar.
Ni la noche es oscura totalmente, ni la sombra algo permanente.
Está en el ojo, limpio y con fuego interior, la capacidad de contemplar lo mejor de los demás, lo mejor de la vida.
Al contraluz nunca es a ciegas.
El ojo es un sentido, el corazón ve más.
Lo esencial, solo lo vemos por latidos, en el frágil tambor de nuestro pecho.