He vuelto,
navegando
mil mundos subterráneos,
a la luz.
He vuelto,
vadeando
los ríos caudalosos,
a la vida.
He vuelto,
luchando
con fantasmas poderosos,
a la calma.
He vuelto...
y he llegado
en alas del amor
que me ha colmado,
en el cuenco de su mano
todo entrega,
en la mirada generosa
de su abrazo.
He vuelto...
y he llegado
en el galope tierno
de su trote,
en la ilusión alada
de su vida,
en la sima elocuente
de su encuentro.
He vuelto...
¡y he llegado!
en su andar
en su camino,
en su dormir
en su sueño,
en su palabra
en su don,
en su ternura
en su amor,
en su ser
que es en mi sed,
el manantial
y el abismo.