Silba el viento,
se estremece el silencio,
riela la luna,
arde el fuego,
y ella, se acrecienta.
Callando,
mi vida se sumerge
interiormente,
fluyendo con la sangre,
buscando las palabras,
que prenden y se abrasan
como llamas.
Una nube
en el cielo desgarra,
sin consuelo, su agonía,
y mi pequeña duda
tirita entre los dedos
afilados de la noche,
porque solo desea
descansar, si es posible,
en brazos de la aurora
y en la luz de un nuevo día.