14 mayo 2026

La luna y los lobos


Aullaban los lobos por la noche en la sierra. Estaban hambrientos. El bosque cubierto por la nieve de días y días, impedía recorrer los montes y páramos para buscar una presa y saciar su hambre.
Con su voz triste y prolongada, levantando la cabeza, elevaban gritos lastimeros que penetraban la noche.
Y nadie los oía ¿para qué entonces aullaban los lobos?
El río seguía su curso. Todo dormía. Solo se dibujaban en el cielo las estrellas, y esa noche resplandeciente, la luna. Hasta los lobos se habían sorprendido al verla ¡tan nítida y luminosa era!
La lobera seguía allí como guarnición en el monte espeso. En ella había lobatos aún pequeños, cantándole a la noche, corrían por la nieve, sin saber muy bien ni el por qué de la nevada ni el por qué del hambre.

De pronto, un lobo de tantos, abandona la manada.
¿A dónde puede ir solo? Todos se quedan mirando el rastro de sus huellas. Desaparece.
Un mutismo impregna el silencio y las miradas. Ellos, los lobos, siguen aullando al infinito espacio vacío.
Y Boris, el lobo que abandona la seguridad mortecina de sus camaradas, se deja seducir por el atractivo de la luna y comienza a andar. No sabe a dónde ir o ¿si lo sabe? 
Sigue solo el camino de encontrarla. La luna llena, es un vértigo para el lobo sin camino y sin comida.
Comienza a correr y ve que la luna corre con él, se vuelve atrás y la luna retrocede.
-¿A dónde voy yo vas tú? - le dijo Boris.
-Sí, viajero sin camino -contestó la luna.
-¿Qué hay que hacer para encontrarte?- preguntó Boris.
-Contemplarme -respondió la luna.

Y Boris no entendió. Comenzó a hacer círculos concéntricos, y la luna seguía sus curvaturas. Trazaba con sus patas ángulos y vértices y la luna danzaba a su compás. Fatigado le dijo a la luna:
-¿Por qué no estás quieta en tu cielo?
-Eres tú el que danza. Yo camino al compás de los que andan y danzo al ritmo del que baila. Quieta, acompaño al que camina. Quieto, puedes descubrir mi belleza fascinante. Danzando, nunca nos podremos encontrar. Perderás la perspectiva del espacio, será más penosa la lejanía, los caminos se te harían imposibles y se acabarían para siempre, las historias de lobos y de luna.
Boris calló. Se sentó en la nieve sobre sus patas traseras y levantó la cabeza. Miraba a la luna, quieta, blanca, desafiante. Se olvidó del hambre. Aquello tenía magia para él. Con sus vivos ojillos la contempló y en la soledad más profunda comenzó a aullar.

Poco a poco, sus aullidos se fueron transformando en lamentos, en puro sentimiento.
Era su voz, allá sola, en la montaña, en la nieve, el grito desgarrador de un corazón que busca, que corre, que se para, que quiere alcanzar el encanto de la luna, pero que no es posible.
Y el lobo estaba aquí abajo, midiendo la distancia, contemplando en silencio los perfiles de la luna, pensando en la luz, viviendo en la noche…
Y la luna allá lejos adivinando y velando con su hechizo el corazón del lobo, haciendo un guiño suave a sus lamentos…
Y los dos se encontraron en la noche, la luna con luz que enviaba ternura, el lobo con lamentos que vertían sentimientos.
Ternura y sentimiento. Sentimiento y ternura. Lobo y luna.

PD. ¿Acaso pensaste que era un cuento?