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09 junio 2022

A callar, se aprende.


Callar no siempre es fácil. Aprender del silencio es algo que uno descubre por sí mismo y es gratificante.

Los acontecimientos que se vienen sucediendo, a todos los niveles, son como un volcán, que expulsa casi con fuerza un grito nacido muy adentro y un por qué.

Dicen que la palabra es plata, pero el silencio es oro.

Uno siente que no solo se aprende más callando, incluso se puede descubrir la profunda elocuencia de saber no decir nada y tener paciencia.

 El silencio que el viento lleva tiene tanta fuerza como el mar.



 Los colores del silencio parpadean desde las estrellas en la oscuridad, y se llenan de inmensidad.

Cuando el corazón descubre la conexión con la vida en todas sus formas de belleza y armonía, percibe todo lo que no se ve y existe. Es entonces cuando descubre lo que se manifiesta en el silencio.




El infinito que vive en el silencio y está más allá del tiempo, no necesita palabras, puede sentirse en un latido, una mirada, en el amor y es... infinita paz.




Nota: Alguna de tantas bellas fotografías de Ricard Pardo-Noxeus-, han completado mi pensar y sentir de hoy. Gracias.

9 comentarios:

  1. Desconozco si todos que lo intentan lo consiguen. Es verdad que merece la pena, aunque muchos no lo entiendan. La satisfacción es muy cercana a la plenitud. En esa conexión de que hablas, el gozo de vivir, suena a que sin tenerlo todo, no parece faltar nada.
    Me alegra que, en pocas palabras, nos dejes entrever "algo" de la grandeza del silencio.
    ¡Hay mucho ruido!

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  2. Hay dos silencios y ambos igual de importantes. El silencio de los sonidos, aquel que los sabios practican sabedores de que el conocimiento precisa de la escucha y la escucha precisa de la ausencia de la palabra. Callar es la puerta al conocer.
    Pero hay otro silencio importante, el silencio de los pensamientos. El silencio que tiene que ver con la música callada de San Juan de la Cruz. El silencio de la meditación. Dice el sabio que en lo Alto, nadie habla sino es en susurros. Dicen que la palabra divina es siempre un leve susurro al que no se puede atender si no es desde el silencio de la mente.
    Me gusta ver mis fotos donde las saben apreciar. Muchas gracias Ángela.

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  3. Muchas veces debemos contar hasta 10 antes de hablar. En otras oportunidades el callar nos conduce a razonar, a aprender del otro...

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  4. No, callar no siempre es fácil. Yo mismo ahora trato de hilar algo, en vez de callar, para intentar hacer juego con tus palabras… :))))))
    Repasando tu texto, tus reflexiones profundas, tus palabras y silencios, uno descubre lo que ya lleva tiempo floreciendo en ti.
    La elocuencia del saber en el silencio. La fuerza del viento que no arrasa con palabras huecas. Pero sí mece las amapolas en los trigales de los campos de Castilla…, antes de recoger la cosecha.
    La no necesidad de palabras. El descubrimiento de la vida por sí misma. Sin necesidad de que nadie tenga que explicártela…, a su modo.
    Sí. No cabe duda que el silencio se ha instalado en ti. Y todo se hace belleza y armonía… en su estado natural.
    Un placer Ángela poder recibir desde tu silencio tanta elocuencia.
    Gran abrazo amiga.

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  5. El silencio es un bien escaso.
    Vivimos en una sociedad en la que estamos envueltos de sonidos, ya sean agradables o no, pero además, existe como una obligación de tener siempre que decir algo. Cuando un silencio entre iguales nos hermanaría más.
    Sí lo que vas a decir no es mejor que el silencio, calla.
    Gracias Ángela.
    Un abrazo.

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  6. Me parece magnífico lo que expones. Muy certero y para meditar.
    Un beso.

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  7. Preciosa reflexión. A veces es mejor estar callado.
    Besitos fuertes

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  8. Tus palabras como siempre bonitas y llenas de sentimiento. Es una reflexión muy apropiada para los momentos que vivimos.
    Besos.
    Chary :)

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  9. Hermosa reflexión, sobre el silencio, con la que yo me siento identificado. Y aunque no lo parezca a través del teclado, en mi día a día, necesito un tiempo de esa paz que acompaña al silencio, me aislo de todo, y a veces aprovecho para meditar, como si de un ermitaño se tratase, acompañado siempre con algo de música clásica.
    Un fuerte abrazo, amiga, y feliz verano para ti y toda tu familia.

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