Lo que se desea, si uno se lo propone, lo consigue. Nos ha sucedido en innumerables ocasiones. No hace falta ser mentalista. Se puede hacer memoria de cuantas veces en la vida nos ha sucedido.
El poder de la mente es desconocido, y según los expertos, no tiene límites. Sacar partido de nuestras capacidades, es un reto. Cuando lo aceptamos, cambiamos los problemas en oportunidades de aprender, y crecer. Se lo dije siempre a mis alumnos en mi etapa docente.
Ahora, sigo aprendiendo a vivir y a disfrutar. La mente se educa y los desafíos se superan.
Esto subí a mi blog en Abril del 2014.
Hoy en 2026 lo traigo aquí, porque me maravilla confirmar que cuando emprendí el camino que llevo, y hago una parada en una de las etapas, acierto a comprender que es la realidad en la que deseo vivir y que no me he desviado del camino elegido.
Cierto que ahora lo encuentro más despejado y más nítido el horizonte.
Realmente, cuido como a las plantas, el jardín de mi mente cada día. Una mente en calma ve con mayor perspectiva y claridad, y lo que viene de fuera no afecta de manera inevitable.
He ido aprendiendo que desde una óptica interna de reflexión y control, se pueden edificar actitudes indestructibles.
También le he dado voz a lo que duele y he cicatrizado heridas. La palabra sana y el tener con quien compartirla cura.
Y al final no es el recuerdo del pasado ni las perspectivas del futuro, es lo que estoy viviendo justo en este instante con esta “confidencia”.

Pues te felicito, porque visto cómo está el panorama cercano y lejano, aunque todo está al lado hoy día, hay que tener una mente bien puesta para interpretar acontecimientos y asumir nuestro lugar en el mundo. Saludos.
ResponderEliminarA natureza é generosa....temos que cuidar dela.
ResponderEliminarBesitos e boa semana !
Anna
Confidencia que siempre es de agradecer. Dicen los sabios que la paz, en la mal llamada tercera edad (prefiero vejez, sin eufemismos), pasa por saber renunciar y desprenderse de los apegos. Creo en ello, aunque, efectivamente, no se puede, ni se debe, renunciar a los recuerdos. Debemos tratar de no malinterpretar la cuestión de vivir en el presente; no se trata de no considerar el valor de lo pasado y lo que está por llegar, sino de no consentir entrar en las ensoñaciones que puedan provocar esos flujos mentales. Olvidar es predisponerse al error, incluso en la época tardía de la vida. Y todo esto no está reñido con vivir saboreando el instante. Creo entender que ahí está la fuente de la armonía. Un abrazo.
ResponderEliminarLo que más me gusta de lo que cuentas es esa sensación de comprobar que sigues en tu sitio. No todo el mundo puede decir eso con tranquilidad. A veces uno avanza años y, cuando mira alrededor, no reconoce ni el camino ni el paisaje.También me parece clave eso de trabajar la mente como algo diario. No como teoría bonita, sino como práctica. Hay días fáciles y días torcidos. Y ahí es donde se ve si lo que uno cree lo vive de verdad. me ha gustado leerlo. Un saludo
ResponderEliminarQué hermoso, Ángela. Este texto confirma algo valioso: cuando uno camina con intención y cuida su propio jardín interior, el horizonte acaba despejándose. Me ha gustado esa claridad con la que miras tu propio proceso, cómo conviertes los desafíos en aprendizaje y cómo reivindicas la calma como una forma de lucidez. Leer esta confidencia —traída desde 2014 hasta hoy— es sentir que la coherencia también puede ser una forma de belleza. Gracias por compartirla.
ResponderEliminarHola, Ángela. Qué hermosa reflexión: cuidar nuestra mente como un jardín. La vida quizá sólo quiere y precisa eso. Te leo y creo que tus palabras sencillas, tienen algo de iluminadas... quizá todo es más sencillo, quizá sólo hay que detenerse y mirarse, apreciar el momento que la vida te concede. Y sí, no sabemos comprender la sencillez del vivir y quizá por eso nos complicamos tanto...
ResponderEliminarHay mucha belleza y también claridad en lo que escribes. Gracias por comparti.
Hasta pronto.
Me alegro mucho de que tus objetivos se vean cumplidos, y el que hayas sabido soltar ese lastre mental, que antes las adversidades que nos da la vida, a veces nos atenazan y no nos deja ser felices.
ResponderEliminarMe ha encantado esa forma que tienes de cuidar tu mente, como a las plantas, y esa fortaleza que posees de auto-control, para discriminar lo que no quieres almacenar en la misma, y que te pueda desviar de tu camino.
Un fuerte abrazo, Ángela, y espero de que estéis todos bien.
¡Hola, Ángela! Cuando de verdad se anhela o desea algo, nos ponemos a trabajar para conseguirlo. También es cierto que, a pesar del deseo y el esfuerzo, a veces no se alcanzan los objetivos. Perseverar es importante y no frustrarse por ello, también.
ResponderEliminarEl cerebro es altamente complejo y queda mucho por descubrir sobre él. Las posibilidades que parece tener son muy amplias; hay que seguir esperando.
Feliz fin de semana. Besos.