Los acericos, son útiles, sencillos. En ellos siempre se puede encontrar el alfiler o la aguja que se precise. Pueden llevarse en muñeca, o encontrarse en el bolso de costura.
La naturaleza es fuente de vida. Lo sabemos desde siempre, pero de pequeños tenemos una sensibilidad especial.Las niñas no la pierden nunca.
Por eso son tan amantes de las plantas y las flores.
Hablan con las plantas, las cultivan y se empapan de luz y de color.
También los libros, también. La imaginación y los sueños son un potencial inagotable del ser humano. Necesitamos adentrarnos en ese abismo y descubrir que los horizontes y los límites siempre están más allá de lo que pensamos.
El cielo siempre es importante. Nos cobija, nos regala la luz y el calor. Alzar la mirada, contemplar el vuelo de las aves, el paso de las nubes, la cercanía de la niebla, el humo perezoso y la lluvia y el rocío, son regalos silenciosos e infinitos con el telón de fondo de los amaneceres o de los ocasos.
Nuestra casa. El cálido hogar en donde la vida de los nuestros se desarrolla tranquila, sin el rigor de la intemperie, tiene la grandeza de la donación de todos y el cariño y los detalles de cada uno. Hay casas especiales, donde el fuego no es sólo un símbolo, sino una realidad. Contar a los niños algún cuento al amor de la lumbre y escuchar el crepitar de las llamas, o disfrutar de un asado en las brasas, son pequeños placeres que siempre perduran en los mejores recuerdos.
La sementera, el cultivo de los campos y las tierras, y luego la alegría de la cosecha, se va perdiendo. Quienes vivimos con nuestros padres ese trajín maravilloso y esperanzado, siempre lo llevaremos en la retina.
Por eso se me ocurrió, reunir las piezas del puzle de las telas y crear una pequeña naturaleza para llevarla conmigo a todas partes.
Hoy puedo subir al Blog este paisaje.
A la entrada de mi casa están las flores.
Yo quería llevar mi casa con las flores y mis sueños.
Para los/las amantes de esta moderna forma de arte, lo dicho hasta aquí, era como una pequeña introducción.
Que disfrutéis, como yo he disfrutado con cada puntada, porque al final merece la pena.
La valisette, como dicen en francés, es eso, un bolso pequeño, o pequeño neceser, para transportar justo lo necesario. No es más que una idea en tela puesta en pie con puntadas de ilusión.
Una aguja, unos hilos, unas telas que en manos de cualquiera convierten en algo personal, el espacio donde guardar las cosas personales. Un pequeño truco para la intimidad.
Algo ligero, para ir deprisa.
Cuando no necesitamos llevar muchas cosas -¡cosa rara!-un bolso pequeño,
para llevar lo esencial, pero con las manos libres…
De colores alegres, funcional reversible, complemento ideal en primavera,
en verano y con la policromía del otoño.
Siendo a la vez ligero,
siempre ligero,
como un verso
en bandolera.
Trabajé sin tener la idea precisa del bebé que venía de camino. Puse todo el empeño en las telas, los colores, las figuras, las puntadas, los contornos, aunque sólo dos cosas ya sabía: que era niña y que se llamaría, CARLA. Bueno, también conocía la ilusión de sus padres, y el cariño con que aguardaba a esta criatura toda la familia.
Cuando me anunciaron que, puntual a su cita, por fin había llegado, quise conocerla de inmediato.
Y… ahora , al subir mi regalo al blog, me parece nada todo, porque esa niña, se merecería mil veces más.
Ella sí que es un regalo, un inmenso regalo perfecto de Dios.
Las últimas puntadas, ya nerviosa, de la colcha, coinciden con la fecha, inolvidable, de su llegada en marzo 2011.
El Artista Silencioso de las caritas de los niños, no ha podido dormir haciendo horas extraordinarias, para ir poniendo esos ojos tan hermosos, esa piel de cristal y terciopelo, ese cuerpo perfecto, ese corazón que late y late y permite que todo se mueva con gracia aunque parece que se va a romper.
Esas manitas que se agarran a nuestros dedos con fuerza, como diciendo “no me dejes” o tal vez quiera decir mejor: “ya no te vas”, porque voy a ir contigo donde vayas.
Cuando tienes en tus brazos esta vida tan bella y tan pequeña, ya no puedo hablar de lo que yo quería para su cuna. No merece la pena.
Sólo quiero que me permitan contemplarla y gozar de tenerla entre nosotros.
Me encantan las manzanas.
Una por lo menos, cada día, es saludable.
A parte de su aporte vitamínico, me recuerda la necesidad de hacer un alto en el camino.
En casa, o en el campo, respiro la belleza.
A veces lo que uno vive y desea, queda plasmado en formas, detalles, colores, y matices.
En el lugar adecuado, inspiran y dan un toque de distinción.
No van a ser todo trapos y puntadas!!!!.